Introducción
CARTA ENCÍCLICA
LAUDATO SI’
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN
LAUDATO SI’
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN
1. «Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba»[1].
2. Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.
Nada de este mundo nos resulta indiferente
3. Hace más de cincuenta años, cuando el mundo estaba vacilando al filo de una crisis nuclear, el santo Papa Juan XXIII escribió una encíclica en la cual no se conformaba con rechazar una guerra, sino que quiso transmitir una propuesta de paz. Dirigió su mensaje Pacem in terris a todo el «mundo católico », pero agregaba «y a todos los hombres de buena voluntad ». Ahora, frente al deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta. En mi exhortación Evangelii gaudium, escribí a los miembros de la Iglesia en orden a movilizar un proceso de reforma misionera todavía pendiente. En esta encíclica, intento especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común.
4. Ocho años después de Pacem in terris, en 1971, el beato Papa Pablo VI se refirió a la problemática ecológica, presentándola como una crisis, que es « una consecuencia dramática » de la actividad descontrolada del ser humano: « Debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, [el ser humano] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación »[2].También habló a la FAO sobre la posibilidad de una «catástrofe ecológica bajo el efecto de la explosión de la civilización industrial», subrayando la «urgencia y la necesidad de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad», porque «los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre»[3].
5. San Juan Pablo II se ocupó de este tema con un interés cada vez mayor. En su primera encíclica, advirtió que el ser humano parece «no percibir otros significados de su ambiente natural, sino solamente aquellos que sirven a los fines de un uso inmediato y consumo»[4]. Sucesivamente llamó a una conversión ecológica global[5]. Pero al mismo tiempo hizo notar que se pone poco empeño para «salvaguardar las condiciones morales de una auténtica ecología humana»[6]. La destrucción del ambiente humano es algo muy serio, porque Dios no sólo le encomendó el mundo al ser humano, sino que su propia vida es un don que debe ser protegido de diversas formas de degradación. Toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en «los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad»[7].El auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a la persona humana, pero también debe prestar atención al mundo natural y «tener en cuenta la naturaleza de cada ser y su mutua conexión en un sistema ordenado»[8]. Por lo tanto, la capacidad de transformar la realidad que tiene el ser humano debe desarrollarse sobre la base de la donación originaria de las cosas por parte de Dios[9].
6. Mi predecesor Benedicto XVI renovó la invitación a «eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente»[10]. Recordó que el mundo no puede ser analizado sólo aislando uno de sus aspectos, porque «el libro de la naturaleza es uno e indivisible», e incluye el ambiente, la vida, la sexualidad, la familia, las relaciones sociales, etc. Por consiguiente, «la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana »[11]. El Papa Benedicto nos propuso reconocer que el ambiente natural está lleno de heridas producidas por nuestro comportamiento irresponsable. También el ambiente social tiene sus heridas. Pero todas ellas se deben en el fondo al mismo mal, es decir, a la idea de que no existen verdades indiscutibles que guíen nuestras vidas, por lo cual la libertad humana no tiene límites. Se olvida que «el hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza»[12]. Con paternal preocupación, nos invitó a tomar conciencia de que la creación se ve perjudicada «donde nosotros mismos somos las últimas instancias, donde el conjunto es simplemente una propiedad nuestra y el consumo es sólo para nosotros mismos. El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que sólo nos vemos a nosotros mismos»[13].
Unidos por una misma preocupación
7. Estos aportes de los Papas recogen la reflexión de innumerables científicos, filósofos, teólogos y organizaciones sociales que enriquecieron el pensamiento de la Iglesia sobre estas cuestiones. Pero no podemos ignorar que, también fuera de la Iglesia Católica, otras Iglesias y Comunidades cristianas –como también otras religiones– han desarrollado una amplia preocupación y una valiosa reflexión sobre estos temas que nos preocupan a todos. Para poner sólo un ejemplo destacable, quiero recoger brevemente parte del aporte del querido Patriarca Ecuménico Bartolomé, con el que compartimos la esperanza de la comunión eclesial plena.
8. El Patriarca Bartolomé se ha referido particularmente a la necesidad de que cada uno se arrepienta de sus propias maneras de dañar el planeta, porque, «en la medida en que todos generamos pequeños daños ecológicos», estamos llamados a reconocer «nuestra contribución –pequeña o grande– a la desfiguración y destrucción de la creación»[14]. Sobre este punto él se ha expresado repetidamente de una manera firme y estimulante, invitándonos a reconocer los pecados contra la creación: «Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todos estos son pecados»[15]. Porque «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios»[16].
9. Al mismo tiempo, Bartolomé llamó la atención sobre las raíces éticas y espirituales de los problemas ambientales, que nos invitan a encontrar soluciones no sólo en la técnica sino en un cambio del ser humano, porque de otro modo afrontaríamos sólo los síntomas. Nos propuso pasar del consumo al sacrificio, de la avidez a la generosidad, del desperdicio a la capacidad de compartir, en una ascesis que «significa aprender a dar, y no simplemente renunciar. Es un modo de amar, de pasar poco a poco de lo que yo quiero a lo que necesita el mundo de Dios. Es liberación del miedo, de la avidez, de la dependencia»[17]. Los cristianos, además, estamos llamados a « aceptar el mundo como sacramento de comunión, como modo de compartir con Dios y con el prójimo en una escala global. Es nuestra humilde convicción que lo divino y lo humano se encuentran en el más pequeño detalle contenido en los vestidos sin costuras de la creación de Dios, hasta en el último grano de polvo de nuestro planeta »[18].
San Francisco de Asís
10. No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.
11. Su testimonio nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas. Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores «invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón»[19]. Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe. Su discípulo san Buenaventura decía de él que, «lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas»[20]. Esta convicción no puede ser despreciada como un romanticismo irracional, porque tiene consecuencias en las opciones que determinan nuestro comportamiento. Si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos. En cambio, si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo. La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio.
12. Por otra parte, san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad: «A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor» (Sb 13,5), y «su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de sus obras desde la creación del mundo» (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza[21]. El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza.
Mi llamado
13. El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común. Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo. Los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos.
14. Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva. Como dijeron los Obispos de Sudáfrica, «se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios»[22]. Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades.
15. Espero que esta Carta encíclica, que se agrega al Magisterio social de la Iglesia, nos ayude a reconocer la grandeza, la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta. En primer lugar, haré un breve recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica, con el fin de asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente disponible, dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual como se indica a continuación. A partir de esa mirada, retomaré algunas razones que se desprenden de la tradición judío-cristiana, a fin de procurar una mayor coherencia en nuestro compromiso con el ambiente. Luego intentaré llegar a las raíces de la actual situación, de manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas. Así podremos proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea. A la luz de esa reflexión quisiera avanzar en algunas líneas amplias de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de nosotros como a la política internacional. Finalmente, puesto que estoy convencido de que todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo, propondré algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana.
16. Si bien cada capítulo posee su temática propia y una metodología específica, a su vez retoma desde una nueva óptica cuestiones importantes abordadas en los capítulos anteriores. Esto ocurre especialmente con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida. Estos temas no se cierran ni abandonan, sino que son constantemente replanteados y enriquecidos.
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CARTA ENCÍCLICA
LAUDATO SI’
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN
Comentario: El ser humano nace, vive se desarrolla y muere. Este es un proceso contra el que no podemos luchar, todos vamos a morir tarde o temprano. Si vives una vida acelerada, llena de vicios y expuesta a múltiples peligros lo más seguro es que morirás joven pero si te cuidas, llevas una vida tranquila, sin excesos, con una alimentación saludable entonces tu vida será más larga. Esta misma analogía la empleamos en nuestra casa común: la tierra, si queremos que la vida en nuestro planeta sea saludable y prolongada entonces hay que cuidarla.
CAPÍTULO PRIMERO
LO QUE LE ESTÁ PASANDO A NUESTRA CASA
18. Si bien el cambio es parte de la dinámica de los sistemas complejos, la velocidad que las acciones humanas le imponen hoy contrasta con la natural lentitud de la evolución biológica... El cambio es algo deseable, pero se vuelve preocupante cuando se convierte en deterioro del mundo y de la calidad de vida de gran parte de la humanidad.Comentario: El desarrollo tecnológico de los últimos años es tan acelerado que hay gente que parece que se hubiese quedado en la prehistoria por ejemplo no saben manejar celulares, no entienden de redes sociales, siguen soñando que el pasado era mejor. Antes la familia se reunía alrededor de una fogata a leer libros o contar historias o inventar historias, la vida familiar era diferente.
I. Contaminación y cambio climático (20 - 26)
26. Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático... Por eso se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de dióxido de carbono y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente..
Comentario: Los grandes paises, los más industrializados son los principales culpables de la contaminación del medio ambiente. Ellos son los principales dueños de las minas de carbón o de los pozos petroleros y no desean el cambio hasta que se agote su producto por lo tanto, usando su poder económico nos hacen creer que no hay contaminación global, que todo está bien.
II. La cuestión del agua (27 - 31)
III. Pérdida de biodiversidad (32 - 42)
IV. Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social (43 - 47)
V. Inequidad planetaria (48 - 52)
Comentario: Los países más poderosos, es decir los más industrializados, utilizan como su patio trasero a los países más pobres; si vienen al Perú a explotar el cobre dejan una ola de contaminación muy grande, si explotan el oro entonces contaminan con mercurio y, lo peor es cuando traen los deshechos de sus plantas nucleares y nos dejan un lugar potencialmente radiactivo; hoy muchos países se oponen a esto por lo que se espera que a futuro las plantas nucleares desaparescan.
VI. La debilidad de las reacciones (53 - 59)
Comentario: En estos últimos 100 años hemos contaminado más que en toda la historia de la humanidad junta y a nosotros nos a tocado vivir las consecuencias y, ser parte de la solución. No podemos seguir contaminando a este ritmo, la naturaleza no lo va a aguantar; ha llegado el momento de decir basta ya y poner manos a la obra en la reconstrucción de nuestro planeta.
VII. Diversidad de opiniones (60 - 61)
Comentario: Mientras el ser humano esté sobre la tierra habrá contaminación pero la solución no es eliminar al causante; tampoco dejar las cosas al tiempo pensando que solas se arreglaran, nada se arregla solo. Hay que buscar el diálogo, la ciencia, la religión, la medicina, etc. todos tienen algo que aportar.
CAPÍTULO SEGUNDO
EL EVANGELIO DE LA CREACIÓN
I. La luz que ofrece la fe. (63 - 64)
63. Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje.
Comentario: La solución para la recuperación de nuestro medio ambiente no va a venir solo de la tecnología ni de las ganas de arreglar todo. Hay que conversar, las ganas de trabajar son mejores cuando hay un ideal, un pensamiento profundo y ese lo brinda la religión así que puede ser la iglesia al que lidere estos cambios que necesitamos.
II. La sabiduría de los relatos bíblicos. (65 - 75)
III. El misterio del universo. (76 - 83)
Comentario: El ser humano siempre ha hecho uso de su libertad de acción y eso lo ha llevado a poner en riesgo el planeta; a partir de ahora hay que dirigir de manera positiva esa libertad para evitar nuestra propia destrucción y es la Iglesia la que está dando el primer paso ya que la ciencia no es escuchada.
IV. El mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado (84 - 88)
V. Una comunión universal (89 - 92)
VI. Destino común de los bienes (93 - 95)
VII. La mirada de Jesús (96 - 100)
CAPÍTULO TERCERO
RAÍZ HUMANA DE LA CRISIS ECOLÓGICA
I. La tecnología: creatividad y poder. (102 - 105)
Comentario: La crisis ambiental actual, la contaminación severa, se inicia con la era industrial con la producción en masa y eso conlleva a bajar los precios y empieza el consumismo. Pero los avances tecnológicos han logrado tambien cosas buenas para la humanidad, hoy, se a ampliado el promedio de vida, se ha logrado que los ciegos vean, que los parapléjicos anden, etc.
105. Se tiende a creer «que todo incremento del poder constituye sin más un progreso, un aumento de seguridad, de utilidad, de bienestar, de energía vital, de plenitud de los valores»[83],... Cada época tiende a desarrollar una escasa autoconciencia de sus propios límites. Por eso es posible que hoy la humanidad no advierta la seriedad de los desafíos que se presentan, y «la posibilidad de que el hombre utilice mal el poder crece constantemente»
Comentario: Las empresas pueden tener la mejor intención al iniciar sus labores de explotación en alguna mina, en la selva, etc. pero, una vez que empiezan a ver ganancias crece la ambición y se empieza a recortar gastos que finalmente afectan al medio ambiente. Todo esto se dá porque, quien maneja las empresas es el hombre y no Dios, el hombre es ambicioso, egoista y no sabe administrar el poder.
II. Globalización del paradigma tecnocrático. (106 - 114)
III. Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno. (115 - 136)
III. Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno. (115 - 136)
Comentario: La iglesia no se opone los avances tecnológicos ya que estos provienen de la creatividad del hombre y estas han sido dadas por Dios pero nos quiere , nos debe poner límites para no alterar la naturaleza, para ser concientes de nuestra humanidad y no jugar a ser Dios creando cosas que Dios no hubiera creado.
CAPÍTULO CUARTO
UNA ECOLOGÍA INTEGRAL
141. Por otra parte, el crecimiento económico tiende a producir automatismos y a homogeneizar, en orden a simplificar procedimientos y a reducir costos... Porque «la protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo y no podrá considerarse en forma aislada»[114]. Hoy el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, que genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente.
Comentario: La minería, por siempre, es una de las industrias más contaminantes precisamente por que, para abaratar la producción, es más barato eliminar los deshechos al medio ambiente produciendo un daño ambiental que puede afectar por muchos años. El principal costo de un proyecto debería ser el de protección del ambiente aunque los costos se multipliquen.
II. Ecología cultural (143 - 146)
144. La visión consumista del ser humano, alentada por los engranajes de la actual economía globalizada, tiende a homogeneizar las culturas y a debilitar la inmensa variedad cultural, que es un tesoro de la humanidad.... Hace falta incorporar la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas, y así entender que el desarrollo de un grupo social supone un proceso histórico dentro de un contexto cultural y requiere del continuado protagonismo de los actores sociales locales desde su propia cultura.
Comentario: Cada pueblo tiene sus fiestas, sus tradiciones, sus costumbres, eso que llamamos el "folclore" lo que constituye motivo de orgullo para cada pueblo pero esto está pasando al olvido ya que la tecnología y el consumismo cada vez más nos acercan a las costumbres de los países más industrializados. Todo esto conlleva a que nuestras tradiciones vayan desapareciendo y adoptemos costumbres de los países desarrollados como "la blanca Navidad" o la fiesta de "Hallowen" y por tanto consumir lo que ellos producen para estas fiestas.
III. Ecología de la vida cotidiana. (147 - 155)
IV. El principio del bien común. (156 - 158)
Comentario: La ecología estudia nuestro ecosistema por lo tanto las interacciones del ser humano con todo el sistema pero siempre lo vimos como nuestra propiedad y que podíamos hacer con él lo que quisiéramos pero ha llegado el momento de vernos como parte de él y que debemos cuidarlo como cuidamos nuestro cabello, nuestros dientes.
V. Justicia entre las generaciones (159 - 162)
161. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones.
Comentario: Debemos de dejar de echar la culpa a las generaciones que nos precedieron en los últimos docientos años. Si nosotros no hacemos algo para detener el deterioro del medio ambiente también seremos culpables; que las futuras generaciones nos conozcan como aquellos que iniciamos el cambio asi que: Manos a la obra.
CAPÍTULO QUINTO
ALGUNAS LÍNEAS DE ORIENTACIÓN Y ACCIÓN
I. Diálogo sobre el medio ambiente en la política internacional (164 - 175)
165. mientras la humanidad del período post-industrial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades.
200. Por otra parte, cualquier solución técnica que pretendan aportar las ciencias será impotente para resolver los graves problemas del mundo si la humanidad pierde su rumbo, si se olvidan las grandes motivaciones que hacen posible la convivencia, el sacrificio, la bondad.
Comentario: Todo el problema está en los costos de producción, estamos en la era industrial, del consumismo, hay que abaratar costos y ya ha llegado el momento de poner fín a todo esto y esto se logra conversando, dejando de lado las ambiciones y pensando en el bien común.
II. Diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales (176 - 181)
III. Diálogo y transparencia en los procesos decisionales (182 - 188)
IV. Política y economía en diálogo para la plenitud humana (189 - 198)
V. Las religiones en el diálogo con las ciencias (199 - 201)
Comentario: La ciencia no va ha convencer a la humanidad del peligro en que se encuentra, esto lo tiene que hace los que tienen más contacto con el público y estos son la política y la religión.
Comentario: Religiones hay varias, pero ha llegado el momento de iniciar un diálogo y ponerse de acuerdo. Hay algunas religiones con convicciones más duras que otras que tienen que entender que el bien común debe ser un ideal superior.
CAPÍTULO SEXTO
EDUCACIÓN Y ESPIRITUALIDAD ECOLÓGICA
202. Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos.
II. Educación para la alianza entre la humanidad y el ambiente (209 - 215)
III. Conversión ecológica (216 - 221)
IV. Gozo y paz (222 - 227)
V. Amor civil y político (228 - 232)
III. Conversión ecológica (216 - 221)
IV. Gozo y paz (222 - 227)
V. Amor civil y político (228 - 232)
230. El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad.
Comentario: Los cambios que requerimos en este mundo son muy grandes pero no es necesario hacer todo a la vez, se puede comenzar con algo pequeño, como decia Santa Teresa. un simple gesto ya es importante
Comentario: Los cambios que requerimos en este mundo son muy grandes pero no es necesario hacer todo a la vez, se puede comenzar con algo pequeño, como decia Santa Teresa. un simple gesto ya es importante
VI. Signos sacramentales y descanso celebrativo (233 - 237)
VII. La Trinidad y la relación entre las criaturas (238 - 240)
VIII. Reina de todo lo creado (241 - 242)
IX. Más allá del sol (243 - 245)
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